Parte principal da carta
Distinguida, generosa y famosa Claude Catherine de Clermont, duquesa de Retz:
Me es grato enviarle un saludo e invitarle, si a vuestra merced le place, a nuestro palacio en Usson.
No sé si cuando lea esta carta, mi antiguo esposo Enrique de Navarra, habrá contraído matrimonio con Gabrielle d'Estrées, pero al menos me he reconciliado con él.
Ahora mismo, debido a que desconozco mi sino, le contaré lo que sé, a pesar de que vuestra merced ya sabe una pequeña parte.
Me llegan a la memoria recuerdos de mis hermanos, puesto que soy consciente de que no estábamos juntos por azar: servíamos para reconciliar los bandos en Francia tras la guerra de religiones. Dicha la mía, tuve una buena infancia, rodeada de libros y música, sin desamparar las costumbres religiosas, por supuesto. Dios lo sabe y también es consciente de que enseñé a otros a ser tan felices como yo, aunque vuestra merced sabe hablar más idiomas.
A pesar de aqueso, siempre me ha faltado el cariño humano, mi madre no obedecía a nuestro Señor en ese aspecto. Enrique II, mi padre, falleció cuando yo era niña, con 7 años, y solo me quedaba ella.
Pasado el tiempo, comencé a intervenir en cuestiones de palacio, en todas sus mudanzas, y jamás lo he desamparado. Al principio, mi difunta madre me ayudaba, pero siempre fue igual de fría. Más tarde me enteré de mi ausencia en su testamento. Dios sabrá qué hacer con su alma.
Vuestra merced también debe de saber que nunca quise casarme con mi antiguo esposo, pero de esta suerte cesarían las guerras civiles. Dios tendrá en cuenta lo que tuve que sufrir y el mal que le hizo a los cielos y a mí. Espero que se equilibre esto, sobre todo por su trato y su infidelidad. Por dicha, pude dejar entrar en la corte a pintores, músicos y muchos artistas más. En ese aspecto, era feliz.
De hecho, nuestro Señor me salvó de tener que criar un niño fruto de nuestro matrimonio, aunque con aqueso Enrique de Navarra se sintiera con libertad para romper uno de los diez mandamientos y, concretamente, nuestro desposorio. Al menos cuando murió mi hermano, después de mi madre, esto conllevó a que se convirtiera en el Rey de Francia. Llamándose así Enrique IV.
Finalmente, accedí a separar mi matrimonio. Dios me perdone y compense mi término.
Ahora mismo, estoy terminando de escribir mis memorias, por que mis recuerdos perduren en el tiempo. Con placer se lo mostraría, si accede a venir algún día a Usson. Me gustaría tener el enorme honor de pasar tiempo con vuestra merced.