A miña historia do confinamento
El día que comenzé a tomar en cuenta a la Covid-19 fue el día en se cancelaron las clases, aquel jueves comenzé a pensar que este virus no era para nada una broma y que como sociedad deberíamos tomarnos las cosas enserio; desde ese día tuve claro que esto que parecía tan pequeño y lejano iba a cambiar nuestro estilo de vida. Antes de comenzar a contar una pequeña parte de mi vida me gustaría recalcar que nos falta empatía a la mayoría, muchas personas con las que estuve en contacto opinaban que el virus era inofensivo, que solo iba a por las personas mayores. Hoy en día me sigo pregunando: ¿Que pasaría si los afectados fuesen nuestros abuelos o familiares? A veces tenemos que empezar a no solo pensar en nosotros, estoy segura de que la mayoía de la gente tiene un vecino mayor en su edificio, y el pobre tiene miedo a salir de casa, hacer la compra y los jóvenes debemos ayudarlos en la medida de lo posible.
Desde mi punto de vista me considero una persona bastante afortunada, vivo en una casa conn un jardín inmenso y estoy segura que la cuarentena ha sido mucho más llevadera que a otras personas; aún así he tenido momentos de bajón y he tenido que acabar con el chocolate de la nevera. Empezé el confinamiento absoluto con mal pié, estaba preocupada sobre todo por personas de mi familia que son mayores, pero por otra parte me agobié un poco con los temas escolares, era básicamente la inceridumbre de saber que pasaría con los exámenes finales y también lo que pasaría con las clases. A medida que los días iban avanzando mi ánimo empezó a crecer, las primeras semanas comenzé a andar en bicicleta por mi jardín durante una hora diaria, luego también aprendí a cocinar, a bailar, a escuchar a otras personas, a ver el telediario; todo lo que aprendí durante aquellas semanas fue a echar de menos mi antigua vida, y desear volver a la normalidad cuanto antes. Cuando el gobierno comenzó a poner más cantidade de prohibiciones empezé a valorar mi situación, mis padres eran afortunados, mi padre era autónomo y como tenía bateas podía seguir trabajando, y por suerte todo nos fue bien. Más o menos en la mitad del encierro comenzé a ver películas y series, pero también escuché música ya que me relajaba, cada semana que pasaba comezé a ser una persona positiva, cada día pensaba " ojalá hoy haya más curados", poco a poco comenzé a ver el telediario a pensar, a escribir algún pequeño poema etc. Me acuerdo que muchas veces nos sentábamos todos en familia a ver las noticias, siempre había pequeños datos, o incluso ciudadanos, policías o médicos que nos ayudaban a luchar. Como vivo algo lejos del pueblo yo no solía salir a aplaudir, pero si que les daba a esas personas mi agradecimiento interno, Conforme las semanas fueron pasando mis salidas al jardín fueron aumentando pasé mucho tiempo leyendo aunque sobre todo reflexionando sobre esta situación. Unos días después de mis reflexiones tuve claro que estar en contacto con mi familia y amigos me iba a ayudar a sobrellevar la situación, llamé a mi mejor amiga, pasábamos mínimo cuatro horas diarias conversando, también llamé a mi madrina que vive sola , y a mucha más gente; que estuvo ahí en todo momento. A modo de reflexiónm me dí cuenta de que mientras estábamos todos en casa preocupados por la situación que estábamos a vivir, los árbores florecían, la hierba crecía, el mundo no paraba, y que cuando me dí cuenta mi entorno había cambiado, y eso se debía a la primavera. Yo pienso que la vida ha cambiado pero ahora mismo mientras escribo sentada fuera en el jardín me doy cuenta de que la vida no solo ha cambiado para mal, yo personalmente aprendí a valorar a mi familia, a fortalecer mis amistades, a preocuparme por mí misma, a valorar la libertad, a mirar mi situación, a apoyar a los demás pero sobre todo a ser yo misma; y lo único que de verdad le agradezco al confinamiento es que me ha enseñado a disfrutar de la vida. Puse una foto con mi perro Bono, ya que solemos tomar el sol en la terraza.